Por el florecimiento de la cultura y las artes en Los Angeles California

POESIA

JAIME SABINES

 

Poema 1

Poema 2

Poema 3

Poema 4

Me doy cuenta de que me faltas

 

Me doy cuenta de que me faltas

y de que te busco entre las gentes, en el ruido,

pero todo es inútil.

 

Cuando me quedo solo

me quedo más solo

solo por todas partes y por ti y por mí.

No hago sino esperar.

 

Esperar todo el día hasta que no llegas.

Hasta que me duermo

y no estás y no has llegado

y me quedo dormido

y terriblemente cansado

preguntando.

 

Amor, todos los días.

Aquí a mi lado, junto a mí, haces falta.

Puedes empezar a leer esto

y cuando llegues aquí empezar de nuevo.

 

Cierra estas palabras como un círculo,

como un aro, échalo a rodar, enciéndelo.

 

Estas cosas giran en torno a mí igual que moscas,

en mi garganta como moscas en un frasco.

 

Yo estoy arruinado.

Estoy arruinado de mis huesos,

todo es pesadumbre.

El Día

 

Amaneció sin ella.

Apenas si se mueve.

Recuerda.

 

(Mis ojos, más delgados,

La sueñan).

 

¡Que fácil es la ausencia!

 

En las hojas del tiempo

esa gota del día

resbala, tiembla.

 

HORAL

 

El mar se mide por olas,

el cielo por alas,

nosotros por lágrimas.

 

El aire descansa en las hojas,

el agua en los ojos,

nosotros en nada.

 

Parece que sales y soles,

nosotros y nada. . .

Diario semanario y poemas en prosa

Fragmento (1961)

 

¿Es que hacemos las cosas sólo para recordarlas? ¿Es

que vivimos sólo para tener memoria de nuestra vida?

Porque sucede que hasta la esperanza es memoria y que

el deseo es el recuerdo de lo que ha de venir.

 

¡Paraíso perdido será siempre el paraíso!

A la sombra de nuestras almas se encontraron

nuestros cuerpos y se amaron.

 

Se amaron con el amor que no tiene palabras,

que tiene sólo besos. El amor que no deja rastro de sí,

porque es como la sombra de una nube, la sombra fresca

y ligera en que se abren las rosas.

 

Sexo puro, amor puro. Limpio de engaños y emboscadas.

Afán del cuerpo solo que juega a morirse. Risa de dos,

como la risa del agua y del niño; la risa de la bestia bajo la

lluvia que ríe.

 

Sobre tu piel llevas todavía la piel de mi deseo, y mi

cuerpo está envuelto de ti, igual que de sal y de olor.

 

¿En dónde estamos, desde hace tantos siglos, llamándonos

Con tantos nombres Eva y Adán?

He aquí que nos acostamos sobre la yerba del lecho,

en el aire violento de las ventanas cerradas,

bajo todas las estrellas del cuarto a obscuras.

 

Sitio de amor

 

Sitio de amor, lugar en que he vivido

de lejos, tú, ignorada,

amada que he callado, mirada que no he visto,

mentira que me dije y no he creído:

 

en esta hora en que los dos, sin ambos,

a llanto y odio y muerte nos quisimos,

estoy, no sé si estoy, ¡si yo estuviera!,

queriéndote, llorándome, perdido.

(Esta es la última vez que yo te quiero.

En serio te lo digo.)

Cosas que no conozco, que no he aprendido,

contigo, ahora, aquí, las he aprendido.

 

En ti creció mi corazón.

En ti mi angustia se hizo.

Amada, lugar en que descanso,

silencio en que me aflijo.

(Cuando miro tus ojos

pienso en un hijo.)

Hay horas, horas, horas, en que estás tan ausente

que todo te lo digo.

 

Tu corazón a flor de piel, tus manos,

tu sonrisa perdida alrededor de un grito,

ese tu corazón de nuevo, tan pobre, tan sencillo,

y ese tu andar buscándome por donde yo no he ido:

todo eso que tú haces y no haces a veces

es como para estarse peleando contigo.

 

Niña de los espantos, mi corazón caído,

ya ves, amada, niña, que cosas digo.

 

SIGUENOS EN

Suscribete a nuestra lista de correos

Envíanos tu correo electrónico y mantente al tanto de nuestros próximos eventos y conciertos.